DespaRamos, teatro en comunidad

Tienen obras de corte histórico pero la propia historia de DespaRamos, el grupo de teatro comunitario de Ramos Mejía, arrancó en 2004 cuando Beatriz Romeo vio a Catalinas Sur, la mítica agrupación de La Boca, y se enamoró del teatro comunitario. Conoció a Ademar Bianchi, director de Catalinas, quien le dijo “Tenés que armar algo así en tu ciudad”. Y Beatriz lo hizo. Convocó para formar un grupo teatral en Ramos y logró que Bianchi y Ricardo Talento del Centro Comunitario Barracas, dieran un seminario de teatro comunitario durante 6 meses. Nacía DespaRamos.

La primera obra del grupo narró la llegada de los españoles a estas tierras, donde vivían los querandíes en el siglo XVI, y llegó hasta 1950 con los carnavales de la Avenida de Mayo. La característica de un teatro hecho por vecinos para los vecinos es el alma de los grupos comunitarios que surgieron en su mayoría, a partir de las asambleas barriales de 2001. “Estar en esa época ocupando espacio, una calle, una plaza, hacer un ensayo o un juego y dejar todos nuestros bolsos ahí al cuidado de la comunidad ya era transformador para nosotros en épocas de inseguridad”, cuenta Laura Bosco, integrante desde hace catorce años. Para estos teatreros el arte comunitario tiene el poder de generar espacios donde todos pueden crear y manifestarse en estrecha relación con los contextos. “No creo en el teatro ni en ninguna expresión artística que sea pasatista. Siempre debe haber compromiso”, sostiene Romeo, la fundadora y actual directora del grupo. Así es como la próxima obra a estrenar tiene un protagonismo femenino a tono con los tiempos presentes. Mary Sánchez (educadora y militante sindical); Lucina Álvarez (docente de escuela de estética, desaparecida en dictadura) y la gran María Elena Walsh son las “mujeres de acá”, heroínas de la nueva creación colectiva. “En tiempos donde hay una tendencia al individualismo y a la cultura de la meritocracia, acá trabajamos en comunidad y todos aportan”, destaca Laura Bosco.

Un viaje de ida

Aunque comparten mucho, aclaran que no son un grupo terapéutico, en clara alusión a los psicólogos que envían pacientes a los que “no les vendría mal hacer teatro”. Lo variopinto del grupo está a la vista: gente que nunca actuó comparte escena con otros que llevan varios años haciéndolo. Convivencia artística entre adolescentes y adultos, y entre los que aman actuar y aquéllos que sólo encontraron un pasatiempo. Los que se quedan expresan grandes motivos: “Para algunos de nosotros es un espacio de militancia. No es partidario, pero el teatro comunitario tiene  una mirada nacional, popular que reivindica las luchas del pueblo, obreras. Por eso lo hacemos”, sostiene Bosco. En su devenir, el grupo salió de la propia comunidad y ha participado en Encuentros Nacionales de Teatro Comunitario, Fiestas Provinciales de Teatro, ha actuado en el Centro Cultural Haroldo Conti en la ex ESMA, lugar emblemático de la última dictadura de la que fueron prisioneros varios compañeros del grupo, y hasta llegaron a ser teloneros en la Mansión Seré de Agarráte Catalina, una de las murgas uruguayas de mayor repercusión internacional.

Este grupo, que integra la Red Nacional de Teatro Comunitario, reivindica la importancia de la voz colectiva y su llegada al público de la mejor manera posible. En palabras de la directora Romeo: “No estoy de acuerdo con un trabajo de elite sino con un teatro que se vea”. Y allá van, al estreno de la próxima obra con las protagonistas femeninas de una era de cambios de la que DespaRamos no piensa quedar afuera e invita a sumarse.

DespaRamos ensaya todos los sábados de 15,30 a 19hs. y tiene un taller de entrenamiento actoral los martes de 19 a 21,30hs. en la Región Descentralizada Noroeste (Rivadavia y Almirante Brown, Ramos Mejía).

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