¿Qué es el trastorno obsesivo-compulsivo?

En nuestro lenguaje cotidiano, gracias a la divulgación que ha tenido la psicología en los últimos años, utilizamos expresiones como: tal cosa “me obsesiona”, “es una histérica”, “estoy con una depre”, “vos no estás enfermo, lo que pasa es que somatizás” (como si somatizar no fuera una enfermedad o mejor dicho un síntoma de una enfermedad), sin tener demasiado en cuenta el valor diagnóstico que esos términos implicarían a un especialista. En definitiva, rotulamos y hasta nos creemos dueños de esa “patología”.

En esta oportunidad hablaremos de la neurosis obsesiva o trastorno obsesivo-compulsivo, según las más nuevas clasificaciones diagnósticas.

Todos los seres humanos, en algún momento de nuestras vidas, pasamos a adoptar modalidades que podríamos encuadrar dentro de las patologías antes mencionadas. ¿Quién no ha tenido una “reacción histérica”, un “pensamiento recurrente” o ejecutado algún “ritual”, quién no ha “somatizado”, quién no se ha “deprimido”, quién, en definitiva no es “neurótico”? Sin embargo, muchas veces por pensar así, le quitamos validez e importancia a esas características y nuestra vida transcurre en un continuo sufrimiento, pensando que “”total les pasa a todos”, “ya pasará” o bien que “yo no estoy loco”.

El sufrimiento del neurótico es continuo, los momentos de placer se reducen; en las relaciones interpersonales se producen fricciones, la agresividad en sus distintas manifestaciones gana terreno.

El paso del tiempo hace que ciertos síntomas se acentúen, y aquello que empezó hace años como una ocurrencia termina absorbiendo todo el tiempo de nuestra existencia.

La característica esencial del trastorno obsesivo-compulsivo es la presencia de pensamientos y/o actos recurrentes.

Los pensamientos obsesivos son ideas, imágenes o impulsos mentales que irrumpen una y otra vez en la conciencia, de forma repetitiva, con características desagradables. La persona que los padece quiere desembarazarse de los mismos pero no lo logra, los reconoce como pensamientos propios pero no los puede dominar por la voluntad.

Los actos o rituales obsesivos son formas de conducta que se repiten una y otra vez con el fin de prevenir o evitar algún mal, al que objetivamente muchas veces se lo considera improbable, pero no puede dejar de ejecutarlos.

Además de los pensamientos y/o actos, podemos distinguir otra serie de elementos de tipo emocional o afectivo que también se presentan como la angustia, la ansiedad, la duda, la inseguridad, el temor, etc.

Los actos están relacionados con los pensamientos; éstos pueden ser variados pero una vez que le ocurren a una persona se vuelven repetitivos. Puede haber sólo pensamientos, puede haber sólo actos, pero lo más común es que se den combinados. Por ejemplo, quien tiene ideas de contaminación o suciedad tiene necesidad permanente de mantenerse limpio como también todo lo que toca, entonces se lavará las manos o se bañará varias veces al día o limpiará la casa para que quede más que reluciente y una vez que termina todo vuelve a empezar porque la suciedad y la contaminación son vividas como peligros constantes.

También puede presentarse la necesidad de coleccionar cosas y verificar permanentemente que nadie las vaya a tirar. Otra obsesión puede estar dada por mantener la simetría, repetir acciones de un modo exacto, verificar si apagamos el gas o la luz varias veces, verificar un trabajo varias veces, lo cual se hace tedioso y toma mucho tiempo. Otras son de tipo religioso, sexual, obsesiones agresivas y somáticas. Estas últimas pueden confundirse con el mal del hipocondríaco porque también concurren infinidad de veces a los médicos y cambian de profesionales ya que creen que ninguno acierta en el diagnóstico.

El temor subyacente en estas personas es que si no realizan el ritual, algo terrible puede sucederles a ellos o a otros, pero por culpa de ellos.

La ansiedad que se alivia con el ritual vuelve a aparecer una vez que éste concluye con sentimientos de desesperanza y cada vez ocupa más tiempo en la vida de quien lo padece.

No necesitamos estar “locos” para acudir a la consulta psicológica. Estos sufrimientos pueden ser mejorados.

 

Lic. Susana Signorelli

Fundación  CAPAC

Especial para Novedades del Oeste

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