Varones en Deconstrucción o el desafío de repensar la masculinidad

Son hombres de distintas edades, ocupaciones, estilos, que se reúnen en el oeste matancero para hablar, no de minas y fútbol, sino del machismo que los atraviesa. En 2017 las integrantes de Aparecida (centro de Ciudad Evita que asiste a mujeres en situación de violencia) iniciaron espacios de conversación mixtos y uno de los encuentros que trató el caso de un abusador de menores en el barrio impactó por demás a algunos participantes.  ¿Qué es el machismo? ¿Cuánto contribuimos a él con nuestras actitudes? Con esas inquietudes en mente se ideó Varones en Deconstrucción, un espacio para debatir a fondo la masculinidad moderna. Lautaro, (31), músico, lo propuso en el Frente Cultural Ciudad Evita y nació así el conversatorio que superó todas las expectativas iniciales al convocar a 25 hombres de distintos puntos de La Matanza en su primer encuentro allá por noviembre del año pasado.

Cada dos martes se reúnen  en La Cachirula, espacio cultural autogestionado en Ciudad Evita. No hay una voz líder, una bajada de línea o un temario muy organizado, según los participantes. Lautaro; Martín (33) profesor de arte, trabajador radial y artesano; Julio Enrique “Chacho”, (68), docente y artesano; Joaquín (37) carpintero y músico y Leonardo (38), trabajador social, dialogaron con Novedades del Oeste sobre esta singular iniciativa que protagonizan.

¿Qué inquietudes se plantearon en el primer encuentro?

Lautaro: El eje de los primeros encuentros fue revisar aquello que nos fue impuesto como varones y que no nos gustó así como los privilegios que sí nos gustaron para entender por qué el varón es así frente a la mujer. Es un proceso infinito porque aquí hay compañeros que ven cosas más profundas que otros, ese intercambio es muy nutritivo y entre nosotros se está dando muy bien.

Chacho: Nos preguntamos “¿Qué es ser varón para el sistema?” y no llegamos a una conclusión. Y después fue: “Qué varón queremos ser”. Son cosas que habitualmente uno no piensa.

Leonardo: Un compañero planteó una vez algo muy novedoso para mí y es el hecho de que nosotros no estamos acá para salvar a las mujeres, para que no mueran sino que nos deconstruimos para tener una mejor vida como hombres.

En los flyers de convocatoria al espacio mencionan el deseo de discutir sus privilegios ¿En qué situaciones ven el “privilegio masculino”?

Leonardo: Yo soy trabajador social, único hombre de mi equipo de trabajo, y mis compañeras me hicieron ver el acceso que tengo a un montón de lugares por ser varón. Trabajo en un hospital y me doy cuenta de que ser hombre pesa en el manejo del poder. Las obstétricas me contaron que cuando entró un obstétrico a la Facultad se jerarquizó la carrera y eso es súper loco.

Lautaro: En mi laburo yo trabajo con una chica y hay un jefe que no está nunca. Cuando los clientes quieren pelear precios o hablar de cosas más serias, me hablan a mí. Y ella está mucho más interiorizada de lo que pasa en el local porque trabaja ahí hace 8 años. Es muy claro el machismo. Yo entré el año pasado y cuando me preguntan a mí, directamente los mando con ella.

¿Cuáles son los mandatos sociales que rechazan?

Martín: Yo rechazo el que ordena ser el “sostén de la casa”. El “macho proveedor” que debe resolver, arreglar la conexión eléctrica, el que sale al mundo a trabajar y cuando vuelve debe tener el premio de la cena lista, hecha por su mujer que se quedó en casa.

Chacho: O eso de decir, por ejemplo: “Esa planta tendría que ir ahí” y saber que detrás de eso está la convicción de que las cosas deben ser asíporque lo digo yo, que soy el patrón”.

Lautaro: En la primera reunión quedaron claros los mandatos de la infancia como jugar a la pelota, agarrarse a piñas, estar con todas las minas que se pueda, cagarle la mina a todos los chabones que se pueda.

Chacho: También cuando nacés papá dice: “A éste ya lo afilié. Es de Boca”. ¿Y eso por qué? Yo reconozco haber venido aquí por primera vez siendo muy machista. Hice un cambio que podrá ser pequeño para algunos, pero en mi casa es enorme. Antes llegaba a mi casa de laburar y mi señora me preparaba el Fernet con Coca o el whisky y me sentaba a ver la tele hasta que un día me dijo: “Bueno, ayudáme un poco”. Me di cuenta de que ella estaba todo el  día trabajando en casa sin reconocimiento mientras nosotros nos quejamos porque laburamos 8 horas. Yo me iba a acostar y ella seguía lavando, haciendo cosas. Ahora colaboro más.

Leonardo: El privilegio que a mí me gustaría dejar de lado es la violencia. Los varones tenemos muy permitida la violencia. Vengo de un barrio muy popular y la violencia también es una forma de sobrevivir y es horrible porque la replicás constantemente en tus relaciones.

¿Percibieron algún cambio en su manera de relacionarse con los demás a partir de estos encuentros?

Lautaro: Para empezar, los varones que vienen acá están sensibilizados con el tema. Estas reuniones vienen a reforzar cosas que cada uno ya venía pensando. Mis cambios datan de un proceso largo. Lo interesante de que esto sea un conversatorio es que se plantean cosas que a veces uno nunca pensó antes.

Martín: Convivo con mi compañera hace cinco años y dentro de todo, están repartidas las cosas entre nosotros. A veces, de visita en otras casas cuando terminaba de comer me ponía a juntar los platos y a lavarlos en alguna ocasión (no me estoy jactando). Me di cuenta de lo incómodo que eso le resultaba a otros varones. Ahí me dije: “Claro, estoy haciendo algo muy inusual”. En esa cotidianidad es donde ves los cambios o diferencias.

Lautaro: Me parece que aquello que a mí me hace ruido, si lo cambio yo solo no pasa de la dimensión individual. Ahora, si puedo decirle a mi amigo: “Che, no me gusta como le hablás a tu novia, ¿por qué no te fijás?” y él puede escucharme y cambiar eso, creo que ahí está lo auténticamente revolucionario.

Joaquín: Sí, esto es para nosotros y para replicar en los entornos. Cada nueva acción que interpela a otros está apoyada por lo que piensan otros 24 tipos que te bancan.

¿Cuál les parece el privilegio masculino más difícil de extirpar?

Martín: Uff, todos. Los micromachismos están ya más detectados al igual que disparidad en las condiciones laborales entre los dos géneros.

Lautaro: A mí me parece que lo más grave que está pasando en este sistema patriarcal es que se mata a una mujer cada 28 horas.

Leonardo: La superioridad del conocimiento masculino. Leí el término ‘epistemicidio’ una vez. El conocimiento del varón vale y el de la mujer, no. Ahí hay una muerte de saberes muy interesantes y que no se valoran porque son de la mujer. Eso me molesta mucho porque me parece que hay mucha potencialidad en ese conocimiento que puede estar oculto y no tener que ver con lo académico.

¿Qué piensan de la prostitución?

Chacho: Una cuestión que antes ni se me ocurría pensar…

Joaquín: Uno puede no estar de acuerdo y también ver que está el sindicato de meretrices (AMMAR). Es un tema de elección individual. Liberando al sistema de lo patriarcal, de la cosificación de la mujer, pensando en una sexualidad libre en serio, no sé si se necesitaría la prostitución.

Lautaro: En la adolescencia rechazaba la prostitución pero desde el máximo machismo. Le decía a mis amigos: “No podés pagar por sexo. Sos muy perdedor”. No consumía prostitución, tampoco tenía plata (risas). Estoy en contra de hacerlo. En las condiciones actuales, consumir prostitución es avalar un montón de cosas nefastas.

Martín: Yo pienso en las mujeres que fueron llevadas por el sistema patriarcal a explotar su figura y por ahí hay mujeres que hicieron de eso su profesión. Hay dos posturas muy distintas al respecto en las que hay que trabajar.

Leonardo: Se pone en cuestión al sistema capitalista. ¿Por qué la mujer tendría que ofrecer su fuerza de trabajo? Pienso en las chicas trans que la única opción que tienen es la prostitución y en ese caso ¿te vas a poner en moralista? Es un tema muy complejo.

Los temas, justamente, son complejos y son millones. Por eso están estrenando un buzón de sugerencias. No faltó entre ellos la charla sobre los grupos de whatsapp donde los varones viralizan todo, donde más de uno se encuentra con el video porno del día que no le interesaba ver o que no quiere que otros vean de ninguna manera como pensó Chacho en relación con sus nietos. Saben que sus charlas tienen un valor pero no quieren presumir. “Me parece fuerte lo que hacemos pero no es ninguna genialidad. No vamos a salvar al mundo. A mí me hace bien, a todos creo”, dice Joaquín. “Esto es la consecuencia de la real revolución que es feminista. Nosotros, de la manera más sana posible queremos estar a la altura de las circunstancias”, se sincera Lautaro. El conversatorio devino en el espacio donde son plenamente libres para hablar, para construir un pensamiento común y para descubrir a otros que también quieren dejar de ser machos para ser hombres felices.

Griselda Marina López

Especial para Novedades del Oeste

VARONES EN DECONSTRUCCIÓN

https://www.facebook.com/frenteculturalciudadevita/

Reuniones quincenales los martes a las 20hs.

Espacio cultural La Cachirula (La Quila y El Guacamayo, Ciudad Evita)

 

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